Servicio 3-8-26
Arma Sutil: El Desánimo
El servicio comenzó con una bienvenida por el hermano Axel S. a la congregación y a las visitas, agradeciendo a Dios por permitir que la iglesia se reuniera una vez más en Su casa. Durante el inicio se compartió un anuncio para los miembros de la iglesia sobre una breve reunión que se llevaría a cabo después del servicio. También se tomó un tiempo de oración pidiendo la bendición de Dios sobre el resto del servicio, sobre el pastor que compartiría la palabra y sobre los hermanos que estaban pasando por situaciones de salud o necesidad. Posteriormente se realizó la lectura bíblica en Salmo 79:8–13, recordando la misericordia de Dios y la importancia de confiar en Él incluso en momentos de dificultad.
Después de la lectura, el hermano Benjamin R. y el grupo de alabanza, guiaron a la congregación a participar en un tiempo de adoración a través de cantos que exaltan el nombre de Dios y proclaman Su poder y fidelidad. Las alabanzas recordaban que cuando la iglesia adora al Señor suceden cosas maravillosas, como sanidad, liberación y renovación espiritual. Este tiempo de adoración llevó a la iglesia a expresar gratitud por el amor de Dios y a reconocer Su grandeza como Rey y Señor sobre todas las cosas.
El mensaje principal, titulado “Arma Sutil: El Desánimo”, se centró en cómo el desánimo puede convertirse en una herramienta peligrosa que el enemigo utiliza para detener el crecimiento espiritual de los creyentes y de la iglesia. A través de ejemplos bíblicos como Nehemías, el pastor Gilberto explicó que el desánimo aparece cuando las personas pierden de vista lo que Dios ya ha hecho, cuando escuchan voces negativas y cuando el cansancio debilita el ánimo. Sin embargo, la Biblia también muestra cómo vencer el desánimo: recordando la fidelidad de Dios, filtrando las voces que escuchamos y confiando en que el Señor pelea por Su pueblo. En el mensaje, el pastor animó a los creyentes a mantenerse firmes en la fe, descansar en Dios cuando sea necesario y recordar siempre que la verdadera fuerza proviene de confiar en el poder y la fidelidad del Señor.