Servicio 2-22-26

Pobres Ricos

El servicio comenzó con la lectura por el hermano Raúl Z. del Salmo 77, recordando cómo en momentos de angustia el creyente puede clamar a Dios y confiar en sus obras poderosas. Después de la lectura, elevó una oración pidiendo que Dios preparara los corazones de la congregación para recibir Su palabra y que bendijera al pastor al compartir el mensaje. Luego, el hermano Benjamin Ramirez y el grupo de alabanza guiaron a la iglesia a participar en un tiempo de alabanza, cantando himnos que exaltan la grandeza de Dios, Su poder salvador y Su fidelidad. A través de los cantos, la congregación expresó gratitud y adoración, reconociendo que Dios es Su fortaleza, Su refugio y Su libertador. 

Después, la iglesia también adoró con sus diezmos y ofrendas, agradeciendo a Dios por Su provisión y por la oportunidad de contribuir a Su obra. La hermana Tere P. dio la bienvenida a los hermanos presentes y a quienes seguían el servicio por medio de las redes sociales. Compartió algunos anuncios, y animó a la congregación a asistir al servicio de oración entre semana.  El pastor Jesse Ureño tomó un momento especial para celebrar y orar por los hermanos que cumplieron años durante el mes de febrero. La iglesia también recordó a varios hermanos que estaban enfermos y se animó a todos a seguir orando unos por otros. 

El mensaje del pastor Gilberto Belcher, titulado “Pobres Ricos”, enseñó que muchos creyentes viven espiritualmente como si fueran pobres, aun cuando en Cristo poseen grandes riquezas espirituales. Usando la ilustración de una mujer extremadamente rica que vivía como si fuera pobre, el pastor explicó que de manera similar los cristianos a veces olvidan las bendiciones que ya tienen en Cristo. El mensaje resaltó varias verdades: los creyentes son ricos porque tienen una nueva identidad como hijos de Dios, han sido completamente perdonados por medio de la redención en Cristo, tienen acceso directo al Padre y pueden confiar en la provisión de Dios para sus vidas. La iglesia fue animada a recordar estas verdades y a vivir con fe y gratitud, reconociendo que en Cristo no somos espiritualmente pobres, sino verdaderamente ricos.

Anterior
Anterior

Servicio 2-25-26