Servicio 2-8-26
¡ALABA!
El servicio comenzó con una oración de bienvenida por nuestra hermana Carolina B. poniendo el día y nuestra reunión en las manos de Dios y agradeciendo por Su misericordia y por permitir a la iglesia reunirse para recibir Su palabra. Luego leyó el Salmo 75:1–10, recordando que Dios humilla al malvado y exalta al justo. Después de la lectura, la congregación entró en un tiempo de adoración, dirigido por el grupo de alabanza, con cantos que exaltan la grandeza del Señor, proclamando que Él es poderoso, que Su mano tiene poder para vencer y que quienes esperan en Jehová levantarán alas como las águilas. Durante este tiempo de adoración, la iglesia expresó gratitud y dependencia de Dios mientras buscaban Su presencia.
A lo largo del servicio, la congregación continuó adorando con cantos que hablaban de renovación espiritual y del deseo de que Dios transforme el corazón. También se recordó la belleza y grandeza del Señor, afirmando que Su hermosura nunca se agotará. Después, la congregación entró en un tiempo de ofrendas y oración, adorando y agradeciendo a Dios por Su provisión y pidiendo que bendijera los diezmos y ofrendas de la iglesia. Luego, nuestra hermana Tere P. dio la bienvenida y los anuncios, se celebró el cumpleaños número 84 del pastor Jessie, y se agradeció a los miembros que sirven en diferentes ministerios. Además, se mencionaron oportunidades para servir, reuniones de oración, actividades de mujeres y el apoyo misionero que la iglesia ofrece a diferentes lugares como Cuba y Tijuana.
El pastor Gilberto B. compartió un mensaje titulado ¡ALABA!, basado en Daniel 4:34 y la historia del rey Nabucodonosor. El pastor explicó cómo el orgullo llevó al rey a ser humillado por Dios, pero cuando levantó su mirada al cielo y reconoció al Altísimo, recuperó su razón y comenzó a alabar a Dios. En su mensaje, enfatizó que la verdadera alabanza nace de un corazón agradecido que recuerda de dónde nos sacó Dios. También enseñó que la alabanza a Dios restaura lo que el orgullo destruye y que no debe depender de las circunstancias. Usando ejemplos como Habacuc y Pablo y Silas en la prisión, recordó al pueblo del Señor que los creyentes deben alabar a Dios tanto en tiempos buenos como en tiempos difíciles, porque Él siempre sigue siendo digno de toda gloria y honor. Por eso hoy mi hermano y hermana,¡ALABA al Señor Jesucristo!